Cómo trabajo

La conducta no es el problema. Es la información.

Los ladridos, los tirones, el miedo o el mordisco no son el fallo que hay que corregir. Son lo que tu perro está contando sobre cómo está viviendo el mundo ahora mismo.

La pregunta que lo cambia todo

En vez de «cómo paramos esto», pregunto qué está intentando decirnos

Es un cambio pequeño en la frase y enorme en el resultado. Si solo apago la conducta, tu perro sigue sintiendo exactamente lo mismo — y eso reaparece más adelante, en otro sitio y a veces peor.

Ninguna conducta tiene una sola causa. Detrás hay un estado emocional, una salud física, unas necesidades cubiertas o sin cubrir, todo lo que ha aprendido antes, su genética, el entorno en el que vive y las relaciones que tiene alrededor. Todo eso a la vez.

Por eso no trabajo con recetas. Dos perros de la misma raza haciendo aparentemente lo mismo pueden necesitar cosas opuestas, porque han vivido cosas distintas y han encontrado maneras distintas de adaptarse.

Y por eso tampoco explico a los perros desde la dominancia, el liderazgo o la obediencia. No es que me parezcan antipáticas esas palabras: es que no explican lo que de verdad está pasando.

Por dónde empiezo

Dentro de casa, aunque el problema esté en la calle

Casi todo el mundo me escribe por algo que pasa en el paseo: los tirones, los ladridos a otros perros, el miedo, la correa imposible. Y casi siempre lo primero que tocamos no es la correa.

La calle es el entorno más impredecible y exigente. El día a día es lo que le prepara para él.

Un perro que sale de casa con el nivel ya alto no puede aprender nada ahí fuera. Un perro desbordado no escucha, y no por cabezonería: porque literalmente no está en condiciones de hacerlo.

Por eso lo primero que ordenamos es cómo vive las horas en las que no pasa nada — el descanso, la alimentación, la actividad, lo que hace cuando está solo. Cuando eso baja, la calle empieza a ser posible. Y entonces sí salimos a ella.

Lo que conviene saber antes

Nunca me llevo a tu perro

La mejor persona para educar a tu perro eres tú. Convive contigo, te conoce y confía en ti. Eso no lo tengo yo, por muchos años que lleve.

Por eso no me lo llevo a ningún sitio para devolvértelo arreglado. El cambio que dura es el que ocurre en tu casa, en tu paseo y contigo dentro. Si el perro aprende conmigo y luego vuelve a la misma vida, vuelve también el problema.

Te lo digo pronto y claro porque marca una diferencia real: en estas semanas no aprende solo él. Aprendéis los dos. Si lo que buscas es dejarlo en algún sitio y recogerlo resuelto, no soy quien lo hace.

Una cosa más

Aquí no se juzga a nadie

Si has probado cosas que ahora te dicen que están mal, si llevas meses haciendo algo que no termina de funcionar, o si has llegado a un punto en el que ya no sabes qué hacer — no vas a encontrar reproche por mi parte.

La inmensa mayoría de las familias que me escriben quieren lo mejor para su perro y han hecho lo que sabían con la información que tenían en ese momento. Eso no se juzga.

Mi trabajo no es decirte lo que hiciste mal. Es cambiar la confusión por claridad y acompañarte mientras aprendes a leer a tu perro mejor de lo que lo leías ayer.

Empecemos por saber qué le pasa

Si algo de esto te ha sonado a tu casa, cuéntamelo. No hace falta que lo tengas ordenado ni que sepas explicarlo bien: para eso estoy yo.

Cuéntame tu caso y te doy una primera valoración, sin compromiso.

Si después tiene sentido seguir, empezamos siempre por una sesión de diagnóstico de hora y media, en vuestra casa si estáis en Toledo o por videollamada. Son 90 €, y se descuentan enteros del programa que contratéis después.

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